“La acción litúrgica me hace presente en el anuncio de la muerte que ello significa y me hace participar en la vida nueva del Resucitado”
Desde los inicios de
Pero es necesario tener en cuenta que esta celebración ha perdurado, no por sus innumerables cambios sino porque en sí misma mantiene una esencia, que por ende, no puede cambiarse y es la que le da todo el sentido a la celebración. Esto lo constituye las palabras que pronunció Jesús en la Última Cena sobre el pan y el vino, que es el “Memorial”; es en éste en el que recae toda la importancia de
Pero, ¿por qué es tan importante? Para ello es necesario acudir a dos fuentes indispensables que nos señala tal importancia, por una parte la tradición cristiana ha consolidado en torno a la Última Cena el punto en el que converge la vida de Jesús, su testimonio, su misión y se redención a la humanidad, desarrollado en cada uno de los evangelios (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24; Lc 22, 19-20; Jn 13-17)y en la carta paulina (I Co. 11, 23-26).
Frente a estos, voy a centrarme en las dos tradiciones que se han cimentado como los pilares del “Memorial” del sacramento eucarístico:
En primer lugar, los evangelios sinópticos y la carta paulina presentan
Ambos convergen en presentar la Última Cena como un relato litúrgico con un trasfondo histórico. Así pues, el “Memorial” se entenderá como la manera en que lo sucedido tiene validez para el presente, en decir, en que lo sucedido tendrá una acción duradera ya que con estas palabras se revive la salvación de Dios.
En el que Dios está presente en el culto como acción gratuita y no como una acción del hombre, por eso, el pueblo se reúne para recibir la gracia de Dios. De esta manera, se logra ver que esta primera Tradición, a pesar de estar enmarcada en una acción litúrgica, tiene como consecuencia un elemento vivencial, el cual se comprenderá con la siguiente Tradición.
San Juan, por su parte, planteará una Tradición menos cultual y por eso será llamada “Tradición Testamental”; en el que se resaltará la Última Cena como un ágape fraterno, cuyo énfasis es el discurso de despedida que se resalta más que en los otros evangelios; en este se señala el suceso de la muerte y el cambio de generaciones, en el que termina un tiempo y empieza otro.
Así pues, san Juan pondrá de relieve la celebración eucarística desde dos puntos esenciales: el servicio fraterno y el testamento que se enmarca en el ámbito existencial, ya que Jesús promete volver a verlos reunidos en torno a él, dado por el servicio y la caridad, teniendo en cuenta que no se quiere descartar el ámbito cultual sino que se quiere resaltar la existencia cristiana en el amor, ya que Jesús, siendo el Pastor, amó primero y por ende, sirvió y donó su vida primero.
Ahora bien, frente a estas dos tradiciones es interesante descubrir la manera como tanto la una y la otra se convierten en fuentes indispensables de la vida cristiana, ya que el culto verdadero es el que se manifiesta en la vida cristiana.
Por ello, la celebración de la “Fracción del Pan” o “Eucaristía” no podrá entenderse como un simple culto que responde a unos determinados ritos, sino que ha de comprenderse como un sacramento, ya que el campo ritual se abre a la vivencia, a un modo de vida cuya base es el amor manifestado en el servicio.
Es en esto como las dos tradiciones convergen en un solo punto, el amor; y así, el “Memorial”, centro de la celebración eucarística, se revivirá en la celebración litúrgica, pero alcanzará su plenitud o su mayor sentido en la vivencia que san Juan quiere resaltar, que es amar como Jesús amó dando su vida por todos nosotros.
Sólo así, el cristiano logrará entender el sentido del seguimiento a Cristo y de la celebración eucarística; pues “Jesús, que da a comer el pan, simboliza su amor por medio no de un don ajeno a sí mismo; así llega al nivel más profundo del encuentro: al dar el pan, se da él”.
Pues bien,
En conclusión, descubro en el “Memorial” una vital importancia en el camino cristiano, ya que, además de ser el centro de

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