lunes, 3 de mayo de 2010

El Memorial

“La acción litúrgica me hace presente en el anuncio de la muerte que ello significa y me hace participar en la vida nueva del Resucitado”

Desde los inicios de la Iglesia, se ha mantenido como eje principal la celebración Eucarística, ya que es el centro de la unión de los cristianos en torno al señor. Cabe aclarar que a través del tiempo esta celebración ha tenido diferentes cambios en su manera de realizarlo y llamarlo; por ejemplo, en las primeras comunidades era conocido como la “Fracción del Pan” y a través de los años fue cambiándose a lo que hoy denominamos como el “Sacramento de la Eucaristía”.

Pero es necesario tener en cuenta que esta celebración ha perdurado, no por sus innumerables cambios sino porque en sí misma mantiene una esencia, que por ende, no puede cambiarse y es la que le da todo el sentido a la celebración. Esto lo constituye las palabras que pronunció Jesús en la Última Cena sobre el pan y el vino, que es el “Memorial”; es en éste en el que recae toda la importancia de la Eucaristía y si llegase a ser cambiado o suprimido dejaría de tener sentido esta celebración.

Pero, ¿por qué es tan importante? Para ello es necesario acudir a dos fuentes indispensables que nos señala tal importancia, por una parte la tradición cristiana ha consolidado en torno a la Última Cena el punto en el que converge la vida de Jesús, su testimonio, su misión y se redención a la humanidad, desarrollado en cada uno de los evangelios (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24; Lc 22, 19-20; Jn 13-17)y en la carta paulina (I Co. 11, 23-26).

Frente a estos, voy a centrarme en las dos tradiciones que se han cimentado como los pilares del “Memorial” del sacramento eucarístico: la Tradición Cultual y Testamentaria. En estos se desarrollan dos maneras de entender el memorial que para la vida del cristiano ha de ser una sola y que la una lleva a la otra. Para poder entender mejor esto, describiré a grandes rasgos cada una de éstas intentando plantear su importancia para la vida del cristiano y la manera cómo están las dos relacionadas.

En primer lugar, los evangelios sinópticos y la carta paulina presentan la Tradición cultual desde dos puntos de vista, en primer lugar Pablo y Lucas realizarán una orientación helenística llamándola “Tradición Antioquena”; mientras que Marcos y Mateo lo hacen desde otra orientación llamada “Tradición Marcana”. En el primero, se subraya el don personal de Jesús que se refleja en una nueva Alianza; se centra en el carácter sacrificial de Jesús. Mientras que la segunda, tiene mayor énfasis cultual y resalta el carácter sacrificial personal de Jesús.

Ambos convergen en presentar la Última Cena como un relato litúrgico con un trasfondo histórico. Así pues, el “Memorial” se entenderá como la manera en que lo sucedido tiene validez para el presente, en decir, en que lo sucedido tendrá una acción duradera ya que con estas palabras se revive la salvación de Dios.

En el que Dios está presente en el culto como acción gratuita y no como una acción del hombre, por eso, el pueblo se reúne para recibir la gracia de Dios. De esta manera, se logra ver que esta primera Tradición, a pesar de estar enmarcada en una acción litúrgica, tiene como consecuencia un elemento vivencial, el cual se comprenderá con la siguiente Tradición.

San Juan, por su parte, planteará una Tradición menos cultual y por eso será llamada “Tradición Testamental”; en el que se resaltará la Última Cena como un ágape fraterno, cuyo énfasis es el discurso de despedida que se resalta más que en los otros evangelios; en este se señala el suceso de la muerte y el cambio de generaciones, en el que termina un tiempo y empieza otro.

Así pues, san Juan pondrá de relieve la celebración eucarística desde dos puntos esenciales: el servicio fraterno y el testamento que se enmarca en el ámbito existencial, ya que Jesús promete volver a verlos reunidos en torno a él, dado por el servicio y la caridad, teniendo en cuenta que no se quiere descartar el ámbito cultual sino que se quiere resaltar la existencia cristiana en el amor, ya que Jesús, siendo el Pastor, amó primero y por ende, sirvió y donó su vida primero.

Ahora bien, frente a estas dos tradiciones es interesante descubrir la manera como tanto la una y la otra se convierten en fuentes indispensables de la vida cristiana, ya que el culto verdadero es el que se manifiesta en la vida cristiana.

Por ello, la celebración de la “Fracción del Pan” o “Eucaristía” no podrá entenderse como un simple culto que responde a unos determinados ritos, sino que ha de comprenderse como un sacramento, ya que el campo ritual se abre a la vivencia, a un modo de vida cuya base es el amor manifestado en el servicio.

Es en esto como las dos tradiciones convergen en un solo punto, el amor; y así, el “Memorial”, centro de la celebración eucarística, se revivirá en la celebración litúrgica, pero alcanzará su plenitud o su mayor sentido en la vivencia que san Juan quiere resaltar, que es amar como Jesús amó dando su vida por todos nosotros.

Sólo así, el cristiano logrará entender el sentido del seguimiento a Cristo y de la celebración eucarística; pues “Jesús, que da a comer el pan, simboliza su amor por medio no de un don ajeno a sí mismo; así llega al nivel más profundo del encuentro: al dar el pan, se da él”.

Pues bien, la Celebración eucarística tiene en sí el regalo más grande de Dios a la humanidad, que es el dejarnos a su Hijo en el pan y el vino, ya que donó su vida por nosotros y es por eso, que tiene su culmen en la vivencia del cristiano al dar la vida por amor, como lo hizo el Señor, es a esto a lo que todo creyente está llamado: a vivir en el amor.

En conclusión, descubro en el “Memorial” una vital importancia en el camino cristiano, ya que, además de ser el centro de la Eucaristía, tiene en sí mismo dos elementos que la misma Tradición cristiana las ha enmarcado en un mismo camino; por una parte es celebración porque en éste se vuelve a revivir la Ultima cena y Cristo se hace presente en Cuerpo y Sangre a través del pan y el vino para renovar la Nueva Alianza; pero también es una invitación a vivir desde la manera como Jesús vivió en medio de los hombres; y así, el misterio eucarístico, enmarcado en el “Memorial”, se centra en vivir desde el amor, que nos lleva a reunirnos en torno a la mesa del altar, pero también nos ha de mover al servicio y a la caridad Fraterna.

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